El 31 de julio crucé por cuarta ocasión la meta de un Medio Maratón: fue en la décima edición del Medio Maratón de la Ciudad de México y la carrera con la que hace un año me gané el nombre de «medio maratonista«.
Éramos 25,000 almas queriendo conquistar veintiún kilómetros noventa y siete punto cinco metros. Una misma ruta, una misma altimetría, una misma línea de meta pero 25,000 historias únicas.
Mi historia empieza en la línea de meta de hace un año. Me había enamorado de la distancia y prometí volver con un mejor desempeño. Trabajé, corrí, repetí, descansé con ese objetivo y le fui agregando objetivos conforme pasaba el tiempo.
El 2016 trajo consigo su primer victoria sin esperarla: un podium de 3er lugar en 12K. No lo podía creer, fue una verdadera sorpresa; desde ahí mi confianza empezó a aumentar.
Vinieron más entrenamientos, más carreras, más días de descanso. También tenía más tarea, más horas en la facultad, más trabajos, más exámenes. Otro reto al que me enfrenté fue al poder equilibrar mi vida de universitaria con mi vida de corredora. Es difícil mas no imposible, comprobé que es verdad que cuando tienes ganas de hacer algo, siempre hay tiempo.
De esas carreras programadas para el primer semestre del 2016, resaltaré mis dos medios maratones: 21K Nike Women Victory Tour 2016 en abril y el Medio Maratón del Día del Padre en junio. El 21K de Nike era mi primera carrera con 20 años, la emoción a full, el ambiente increíble. Gané un RP y un dolor en la rodilla. El dolor de rodilla mejoraba un día y empeoraba al otro. Fue un bajón emocional y físico grande, a pesar de no ser nada grave. Mi ortopedista se anticipó a todo, y me dio medicamento que después los estudios confirmaron era el correcto. 2 semanas y media de descanso, no podía hacer actividad de alto impacto y mi tercer medio estaba casi casi eliminado. Lo único que me quedaba era seguir fortaleciendo mis cuadriceps y todos esos músculos que rodean la rodilla. El lunes antes del día del padre me dice que ya puedo correr, que mi condromalacia patelar grado uno había mejorado rápidamente. La pregunta obligada fue si podía correr el 21K del domingo. Fue sí su respuesta, lloré y fui feliz de nuevo. Llega el 21K del día del padre, y a pesar de todo ese drama logré terminarlo, manteniendo mi tiempo y lo más importante ya sin ningún dolor antes, durante y después de la carrera. (Ese es mi próximo objetivo, pero ya el 2017 dará sus resultados).
Física y anímicamente estaban más que recuperadas, claro tenía que volver a empezar poco a poco a recuperar el ritmo. Y entre exámenes, viajes, nuevos trabajos, entrenamientos y final de semestre llegamos al 31 de julio.
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Mi cuarto medio maratón y hasta ahora el mejor. Esta vez mis piernas y mi mente estuvieron conectadas con un solo fin: no parar y disfrutar. Mi mente no se cansó, mis piernas disfrutaron cada metro de la subida de Reforma, mi playlist fue interrumpido por esas porras de la gente alrededor de la ruta, mi técnica de correr y respirar mejorada, mi corazón trabajando felizmente y mis emociones más arriba que el cielo. Al cruzar la meta y ver bajar considerablemente mi tiempo me hizo estar orgullosa de mi: de mis caídas y de manera de levantarme, de mis lágrimas y de mis triunfos. Y con un ánimo y confianza al cien para el siguiente paso en un mes: el maratón. 
Diario agradezco a la vida por cada momento, pero también les agradezco a ustedes. En este año, logré inspirar a conocidos y amigos con mis publicaciones a atreverse a correr.
Y hoy que Soy Corredora me da la oportunidad de estar más cerca de ustedes, les doy gracias por leernos y por todos estos comentarios. Ya son parte de la motivación para ser mejor persona y mejor corredora. Espero que se atrevan a vivir esta experiencia de los 21K y vean la vida desde una nueva perspectiva. 
Por Gloria Daniela Martínez
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