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Como les platiqué antes, estas semanas estoy de vacaciones y mis días de descanso se juntaron con el inicio de mis 16 semanas de entrenamiento rumbo al maratón de Washington. Ufff! ¿Vacaciones y entrenamiento? ¿Cómo hacerle para salir a correr y seguir un plan justo cuando mi cotidianeidad cambia?

En vacaciones comemos diferente, dormimos menos, salimos más y nos cambia todo y lo más fácil es no complicarse la vida y “medio entrenar” o no seguir bien el entrenamiento pero como obviamente en la mente de una corredora freak eso ni siquiera es considerable, he llegado a la conclusión de que no hay atributo más valioso para nosotras, las corredoras, que la disciplina. He descubierto en estas últimas dos semanas que la única manera de sobrevivir y no quedarse en el intento, es comprometiéndonos en serio.
Y no quiero sonar feminista pero teniendo a los peques en casa durante las vacaciones es todavía más complicado.Ser mamá y corredora implica más tiempo para ti y menos para tus peques y encontrar ese balance sin culpa ¡también tiene su chiste!
En fin, mi inicio de entrenamiento se juntó con mis vacaciones en la playa y le hice jurar a Javi que, pasara lo que pasara, y a pesar de las chelas a la orilla del mar, saldríamos a correr todos los días. He de confesar que estaba psicológicamente preparada para saltarme al menos un día de entrenamiento, pero me di cuenta que me estaba rindiendo sin siquiera haber empezado así que decidí no claudicar y fue así, con disciplina, como logré cumplir con mi programa al pie de la letra sin tener que saltarme ni un día ni ahorrarme un kilómetro. Bueno, con disciplina y con la ayuda de nuestros amigos Mario y Moni, una pareja que viajaba con nosotros y quienes cuidaron de mis peques todas las mañanas que Javi y yo nos escapábamos a correr.
Las corredoras tenemos que encontrar al mayor número de cómplices posibles para poder correr ¡todo lo que queramos! En Cancún el calor de 32 grados y la humedad tan severa, pronto nos enseñaron que salir a correr en el concreto a las 8 de la mañana era una odisea así que después de dos días en los que sentíamos que el calor era insoportable, decidimos probar hacerlo en la playa donde, si bien los grados centígrados eran los mismos, la brisa nos hizo sentir mucho más cómodos y frescos. ¡Y felices! Correr con el mar como escenario es de lo mejor que te puede pasar; el sonido, los colores y la sensación de la arena en los pies descalzos es simplemente indescriptible. Dos días en el concreto, uno en el mar y nos faltaba otro más que decidimos hacer a puerta cerrada en la caminadora, pues el día tres en la playa fue mágico ¡pero agotador!
Esa es la magia de nuestro deporte, puedes literalmente ¡correr en donde sea!
Me sentía muy orgullosa de nuestra disciplina en plenas vacaciones pero la prueba más dura era la del fin de semana, pues nos esperaba nuestra carrera larga de 14 km que estaba planeada para el sábado pero como el vuelo de regreso el viernes se retrasó, llegamos agotados con dos niños y 4 maletas después de la media noche así que fue imposible levantarnos para salir a correr. El sábado tuvimos una boda así que lo más lógico era pensar que nuestra carrera larga tendría que posponerse pero, sabes que eres corredora cuando te das cuenta que a pesar de estar en la boda de un gran amigo, prefieres no tomar alcohol y salirte temprano para estar lista el domingo para salir a correr. Y así fue.

Esta mañana corrí con Javi 14km, de los cuales 5 fueron en arcilla dentro de los Viveros en Coyoacán con un escenario hermoso, con olor a tierra mojada y acompañada de cientos de corredores que llenaban la pista cada quien a su ritmo, cada quien con su historia y motivación pero todos unidos por la misma pasión. Amamos correr.

¡Feliz inicio de semana corredoras!

Coach M@MarianaSanchezW