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Hola queridas amigas y también amigos que nos leen. Estamos en el mes rosa, donde el objetivo es informar de los beneficios de la autoexploración para la detección oportuna del cáncer de mama y como corredora, es una cuestión que siento la obligación de promover. Desde hace algunos años y gracias a mi trabajo en la industria editorial, tomé conciencia de la autoexploración y la revisión médica anual, además de haber sido testigo con el paso del tiempo, de grandes milagros de sobrevivencia y de haber tenido que decir adiós a valiosas mujeres tanto jóvenes como maduras. Ciertamente, para muchas personas todavía es un tema tabú y tanto lo es, que hace poco una amiga preguntaba “¿Cómo, me tengo que autoexplorar?”, tiene 22 años y nunca lo había hecho.

Pues bien, la triada que recomienda Fundación Cimab, con quienes tuve la oportunidad de correr con causa y recaudar dinero para estudios a mujeres en zonas rurales, es muy sencilla y con ella, podemos detectar cualquier anomalía a tiempo y en caso de ser necesario, tratarla lo antes posible. Las recomendaciones son:

1. Autoexploración mensual a partir de los 20 años.

2. Visita anual al médico para exploración clínica de mamas a partir de los 25 años.

3. Mastografía a partir de los 40 años, cada dos años.

Pero a la par de esto, es importante destacar la importancia del ejercicio en la salud de una mujer. Existen evidencias recientes que demuestran que si las mujeres hacen ejercicio desde la adolescencia, se va creando una especie de “defensa biológica”, que disminuye la posibilidad de padecer ciertas patologías en años posteriores y reduce hasta un 30% padecer cáncer de mama. Obviamente, el cáncer de mama no se previene pero sí podemos disminuir el riesgo de padecerlo.

No es la primera vez que los investigadores en oncología reconocen las ventajas del ejercicio físico ni sus posibilidades de reducir la exposición a las hormonas femeninas (estrógenos). Estas sustancias, como el estradiol o la progesterona, pueden llegar a estimular el crecimiento y desarrollo de células cancerosas, dando lugar a la formación de un tumor.

Pese a estas evidencias, en 2011 y por primera vez, científicos de la Universidad del Sur de California, aseguraron que esta protección que se desarrolla en la adolescencia, se traduce en la reducción del riesgo de padecer cáncer de mama de un 30-35% por causa de estas hormonas y según la Dra. Leslie Bernstein, de la la misma universidad, el entrenamiento moderado interfiere con la ovulación mensual de una adolescente, lo que equivale a una producción menor de estrógenos. Es durante esta etapa cuando se están formando las células ductuales de la mama, la reducción de estas hormonas tiene un efecto protector, y estas células que producen leche materna después de la gestación, son las que con más frecuencia resultan cancerosas.

Sin embargo, para las que no son adolescentes, un estudio de la Universidad de Yale demostró que las mujeres que se ejercitaron un año antes de haber sido diagnosticadas con cáncer de mama, tienen un 30% más de posibilidades de sobrevivir, comparado con aquellas que estaban inactivas. Este estudio solamente tomó dos décadas de trabajo para relacionar los beneficios del ejercicio con la reducción del riesgo de padecer cáncer y las posibilidades de sobrevivir. En resumen, este resultado se traduce en que las mujeres pueden disminuir la posibilidad de desarrollar cáncer en una primera etapa entre un 30-40% si es activa.

Durante el tratamiento

Los beneficios de correr van mucho más allá, ya que también beneficia a los pacientes que sufren problemas de fatiga relacionados con un cáncer durante y después del tratamiento, esto lo afirma la Universidad de Bristol. Los investigadores estudiaron la literatura médica en la que se evaluaba el efecto del ejercicio sobre la fatiga relacionada con el cáncer, además de un trabajo en el que analizaron un total de 28 estudios en los que participan cerca de 2 mil pacientes. Más de la mitad de ellos estaban relacionados con mujeres con cáncer de mama.

Los investigadores destacaron que son “estadísticamente significativas” las mejoras en los problemas de fatiga, lo que se logró con programas de ejercicio durante la terapia contra el cáncer e incluso después. La mayoría de estos entrenamientos eran de ejercicio moderado a intenso, practicado dos o tres veces por semana.

Recuperación

Las mujeres que siguen activas después de haberles diagnosticado cáncer de mama, tienen un 45% más de posibilidades de sobrevivir que aquellas que viven la enfermedad de manera sedentaria, esto de acuerdo a un estudio publicado en el Journal of Clinical Oncology, así que no importa la edad que tengan, las mujeres deben asegurarse de que el ejercicio forme parte de su estrategia de tratamiento. Las que hacen actividad física de moderada a intensa, como caminar a un ritmo rápido 3 veces a la semana dos años después de haber sido diagnosticadas con cáncer de mama, tienen un 70% de posibilidades de sobrevivir. Además, esto puede contrarrestar la tristeza y hasta disminuir el riesgo de depresión, de acuerdo a un estudio de 2006 de la Universidad de Austin, Texas.

Este efecto, de disminuir el riesgo de depresión, tiene que ver con la producción de endorfinas (hormonas de la felicidad) durante la actividad física, las cuales funcionan como un analgésico natural y cuando estamos bajo un estrés físico y mental, se liberan para reducir el dolor que causan las malas experiencias. Un estudio de la Universidad de Boston confirmó que 1 hora de ejercicio al 70-80% de tu frecuencia cardiaca máxima, es suficiente para aumentar de 5 a 7 veces la concentración de endorfina en la sangre y 30 minutos es lo que dura en promedio la sensación de placer causada por correr, una mezcla intensa de alegría y euforia. La liberación de esta sustancia te obliga a repetir la misma actividad.

Con todo esto, nos damos cuenta que hay bastantes evidencias científicas que nos demuestran que hacer ejercicio de moderado a intenso nos trae muchos beneficios no solo a nivel físico sino emocional. Promovamos la autoexploración y sigamos inspirando a que más mujeres corran.

Nos seguimos leyendo.

Sonia Chávez