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«Y en el reloj de antaño como de año en año, cinco minutos más para la cuenta atrás, hacemos el balance de lo bueno y malo…» Bien lo canta Mecano, la tradición marca que al llegar el 31 de diciembre enumeramos qué pasó durante 12 meses. Lo bueno, no tan bueno, lo malo, lo pésimo y aquello que, de plano no queremos recordar.
Hoy, mientras recorría los 10 kilómetros de una de mis carreras favoritas, reflexionaba todo lo que ocurrió estos 365 días.
Hubo de todo: viajes, cambios laborales, planes que se modificaron de un día para otro, amores, desamores, sueños cumplidos y superados, otros que no se lograron del todo, reencontrarme con mis hermanos y comenzar a construir cimientos firmes y amorosos con ellos.
Además terminé una maestría pendiente y enfrento el gran reto de escribir una tesis (a la que le tengo pánico -debo confesar-), algunos asuntillos con mi salud, entrenar un año entero para un maratón que al final no corrí, trabajar intensamente, poder ser parte y vivir en carne propia una celebración mundial y, por un mes, haber tenido la oportunidad de trabajar en otro país con colegas de muchas partes del mundo.
Hacer un medio maratón en Central Park por el puro gusto de estar viva, ser pacer en diferentes carreras, superar mis límites, participar en un «reto para salvajes» en el que hice lo que no me imaginaba: Subir un volcán trotando, caminando, escalando y haberlo terminado sonriendo, sin detenerme ni una vez.
En fin, todas estas reflexiones durante «San Silvestre», mi carrera favorita lara cerrar el año, surgen a partir de una pregunta que compartió #soycorredora: «A quién le quieres dedicar tu última carrera del 2015?»
Definitivamente es a quien me ha acompañado en los momentos de felicidad más grandes, en los más tristes, en los logros, los fracasos. Es a quien está ahí cuando no puedo levantarme de la cama por la tristeza, cuando no quiero enfrentar al mundo y cuando me siento invencible y quiero comérmelo de un bocado. Ella me hace sentir segura y tiene confianza en mi no importando nada. Su fortaleza es ejemplar. No creo que haya sido nada fácil ser mamá y papá al mismo tiempo y aún así, decidió hacerlo sin dudar un segundo.
Esta carrera va dedicada a mi confidente, mi confesora, mi consejera, mi amor incondicional. La que tiene el regaño fuerte, la que me apapacha en los momentos más tristes, la que me presiona para alcanzar mis sueños y me cura los raspones cuando me caigo (literal y metafóricamente).
Cierro 2015 agradeciendo al universo entero poder tener una mamá como la mía: Fuerte, amorosa, chingona. De las que nunca se raja y que se enfrenta a cualquier cosa y que, además, es una amazona a mis ojos. 
Ni todas las palabras, ni todos los kilómetros serán suficientes para expresar el significado de dos palabras maravillosamente simples y a la vez, tan profundas: Gracias mamá.
Vámonos que el 2016 nos espera. 
Felices fiestas 🙂 
Mariana C. Álvarez
31 diciembre de 2015