En este día de las madres pensé en escribir una carta que me rompiera el corazón y me sacara el lado «sensible» ante una fecha tan importante culturalmente. Pero no, la mayoría de las veces no soy así, por lo tanto, decidí compartir mi día a día como mamá corredora. Aquí lo tienen. Si se identifican, compartan.

1. Nos despertamos de madrugada y nos dormimos con horario de niño. En mi caso, a veces desde las 4:30-5:00 am, la cama me avienta para ir a entrenar. Y no llego despierta a las 9:30-10 pm porque ya estoy diciendo que sí a todo. En el fondo ¡me da pena dormirme tan temprano! pero tengo que cumplir con mi cuota de horas de sueño. Es más, cuando tengo una fiesta, cena, reunión o salida al cine por la noche y estoy en etapa de entrenamiento para una prueba, tengo que dormir una hora entre las 6-8pm para estar bien lúcida.

2. Tus vecinos y algunos amigos te ven como egoísta. Como los fines de semana me levanto temprano para ir a las carreras y a veces me llevo a mi hija y esposo, siempre dicen que solo pienso en mí y que no me importa lo que mi familia quiera. Lo que no saben, es que los hijos de corredores se emocionan más que uno por ir a las carreras y ese momento nos une más como familia. Y que como en todo, hemos aprendido a equilibrar las cosas, también vamos a los eventos de los demás integrantes de la familia.

3. A veces nos olvidamos de nuestra apariencia al correr. ¿Se han puesto calcetines diferentes? ¿Se han vestido con colores que nada tiene que ver? ¿Se les ha olvidado peinarse? ¿Sus tenis tienen mucho sin lavarse? Yo sé lo que es y solo me río de mi.

4. Somos «todoterreno». Si somos capaces de enlodarnos en una carrera de obstáculos o de regresar con ropa y calzado muy sucios después de hacer una distancia larga en el bosque, siempre estamos dispuestas a jugar a lo que sea. Eso me enseñó a no llamarle la atención a mi hija por esos temas, si yo lo disfruto, ¡pues que ella también se enlode!.

5. Nos simplificamos la vida. Que si tenemos que comer o cambiarnos de ropa en el coche, pues lo hacemos; que si después de correr tenemos que ir a un evento importante, nos arreglamos en 30 minutos. Como solemos viajar a nuestras carreras, aprendimos a hacer maletas super básicas. Siempre vamos a evitar las dificultades y daremos la solución más rápida a cualquier problema.

6. El estilo sport es parte de nuestra vida diaria. Al menos yo, amo vestir con algo que me identifique como deportista que no es lo mismo que «fachosa». Me pongo shorts para presumir mis piernas de corredora, uso playeras y calzado de marcas deportivas, es más, hasta la forma en que arreglo mi cabello o mi maquillaje debe demostrarlo.

7. Y cuando nos arreglamos, ¡lo gritamos a los 4 vientos!. Ah claro, al menos yo lo comparto en todas las redes sociales porque ¿saben qué? me gusta que se note el cambio, me acostumbré a la cara lavada en las carreras y no me da pena, pero si el maquillaje y el outfit me da un «levantón», obvio que quiero que todo mundo se entere.

8. Preferimos calidad a cantidad. Y es que ese tema lo conocemos bien por nuestros entrenamientos. Nuestro estilo de vida ya no nos permite perder el tiempo, correr nos enseñó a vivir en el presente y a darlo todo cuando estamos haciendo algo. Si es estar con los niños, nos entregamos a ello por completo, si es entrenar para el maratón pues lo hacemos como se debe. Valoramos nuestro tiempo.

9. Si estamos enojadas, una carrera hace que se nos olvide. Ser mamá a veces es un trabajo duro y si agrego los dilemas del trabajo, con la pareja o con el entrenamiento, ¡estaría a nada de volverme loca! Pero literal, yo salgo corriendo y eso me regresa con la mente en calma y más serena que nunca.

10. Amamos sentirnos fuertes, tenemos más energía y nos sentimos más guapas. Ah claro, los entrenamientos y carreras nos lo han demostrado, yo amo lo que veo en el espejo, me tomo selfies y además, me hice adicta a la adrenalina. Ustedes ¿no?

11. Somos apasionadas de la vida. Y lo somos para todo, sí, para todo. Al menos a mí me gusta vivir de forma intensa porque así nos acostumbró correr ¿no? Aunque a veces se nos pase la mano.

12. Las dietas nos valen…y nos dan risa. Aprendimos a comer de forma balanceada para tener salud y energía, sabemos que una sana alimentación es nuestra mejor medicina preventiva y eso, lo transmitimos a nuestras familias.

13. Sonreímos más, nos reímos solas y la vida nos duele menos. Si yo entreno, mi día se pinta de un color hermoso. Si estoy triste, una medalla me recuerda hasta donde llegué. El dolor es un tema que sabemos controlar mucho mejor tanto física como mentalmente. Yo solita me hago mi «coco wash», hablo conmigo mientras entreno, me río de mi misma y me reinvento.

14. Estamos dispuestas a probar cosas nuevas. ¡Nuestra vida es cero aburrida! Correr nos ha enseñado a no terminar una carrera cuando ya estamos inscritas a otra que sabemos no será igual. Y así lo somos para lo demás.

15. Árbol y baño público siempre serán buenos aliados. Anteponemos nuestras necesidades fisiológicas al asco que nos pueda provocar un baño público o móvil, o nos olvidamos de la pena de escondernos detrás de un árbol para hacer pipí. Sabemos lo que puede provocar aguantarnos las ganas de ir al baño.

¿Algo más? Seguro tú tienes más anécdotas que compartir. ¡Feliz día de las madres!