Los músculos son los que utilizamos para desplazarnos, y sobre todo, para correr. El objetivo fisiológico principal es crear una contracción muscular y provocar un movimiento, pero ¿qué sucede en su interior?

En el músculo tenemos 2 tipos de fibras musculares: las fibras de contracción lenta o fibras rojas (tipo I) y las fibras de contracción rápida o fibras blancas (Tipo II).

En el caso de las fibras rojas, son las que están adaptadas a las contracciones de baja intensidad y larga duración. Por su gran cantidad de mitocondrias y mioglobina las convierte en las más eficientes para el metabolismo aeróbico (en presencia de oxígeno), es decir, para las largas distancias.

Las fibras blancas, presentan reservas elevadas de Adenin Tri Fosfato (ATP) y fosfatos de creatina, esto quiere decir que son aptas para contracciones musculares de corta duración y alta intensidad, siendo más eficientes para un metabolismo anaeróbico (sin presencia de oxígeno) y son poco resistentes a la fatiga. Son las protagonistas de las carreras de velocidad.

Las Fibras tipo I son células resistentes al agotamiento, ya que se utilizan en el metabolismo aeróbico con la función de conseguir energía para la contracción, por lo que no generan productos de desecho relacionados con la fatiga muscular, como el ácido láctico que es producido sobre todo por las fibras tipo II.

Si eres corredora de resistencia aeróbica, es decir, si haces maratones, posees una clara prevalencia de fibras tipo I, que posibilita una gran resistencia a la fatiga muscular.

Por lo tanto, si queremos correr a un ritmo de carrera elevado durante un tiempo prolongado, es necesario contar con alto porcentaje de fibras tipo I en nuestros músculos. Pero un pequeño detalle, la proporción de fibras musculares en gran parte esta determinada genéticamente.

Aunque la población normal suele tener un predominio superior en fibras rojas y la tipología de las fibras está determinada genéticamente, estos valores se pueden alterar por factores como la edad, el sexo, la maduración y el tipo de entrenamiento, pudiendo transformar la funcionalidad de las fibras rápidas (blancas) en lentas (rojas). Es decir, no todo está dicho a la hora de entrenar.

Si eres corredora de resistencia debes tratar de reforzar a todos los niveles tus capacidades musculares tipo I, ya que con ello, disminuirá la necesidad de usar fibras musculares tipo II y así retrasarás la fatiga, por lo que podrás correr más tiempo a una mayor velocidad y ese mejoramiento de las fibras tipo I solo se dará si las utilizamos en el entrenamiento. ¡A correr más distancia!

La buena noticia es que con la edad, conforme envejecemos, nuestras fibras musculares irán tomando un patrón de contracción más lento, es decir, la relación de fibras I/II aumentan según vamos cumpliendo años.

La ventaja de esta transformación funcional es que podemos mantener unas buenas marcas en maratón hasta edades avanzadas.

Por Mara Rivera

@nutrimarasport

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Licuado de betabel para retrasar la fatiga

Chicharro, Sánchez, Fisiología y Fitness para corredores populares, Editorial Prowellness, España, 2014.