Soy Isabel Cruz, tengo 42 años, soy soltera, no tengo hijos, vivo en la Ciudad de México y soy corredora y maratonista.

Hace un año, en el mes de octubre del 2016, me salió una bolita en el seno derecho que resulto ser cáncer de mama, para mí fue la noticia más impactante, sobre todo, porque no tenía antecedentes familiares con cáncer. De hecho, mi Oncólogo me dijo que el 70% de los casos al día de hoy, no cuentan con antecedentes y son personas con vida sana.

En esos días estaba próximo mi Maratón en Nueva York, que por momentos pensé que no asistiría pero mis médicos autorizaron que sí lo hiciera, así que cumplí con el reto de correr el maratón más grande del mundo, en donde mis piernas y mi corazón estuvieron presentes y fueron felices de recorrer las calles de una de las ciudades más cosmopolitas del mundo.

En enero del 2017 empezaron mis dieciséis quimioterapias, la experiencia más impactante de vida porque mi cabello se fue cayendo poco a poco, así como mis pestañas y mis cejas; aunque sabía que iba a suceder, uno nunca está preparado para verse al espejo, para ver que la vida va cambiando día a día y que la fuerza va mermando. Luché por verme igual, me compré pelucas, me puse pestañas, pero lo que más me hacía sentir viva, sin duda, fue correr, sentir el viento frío en mi rostro, me recordaba que no debía darme por vencida, que luchar era el objetivo fundamental.

Así mientras mi tratamiento transcurría sesión tras sesión, yo seguía yendo a gimnasio y corriendo los fines de semana. Hice la Carrera de Infonavit, La Carrera de la Constitución, los Splits: 6k, 9k, 12k, la carrera Avon, Split 16k , el 21k del día del padre y con la carrera de Gatorade, en el mes de julio (una de mis carreras preferidas), concluí mi tratamiento.

El 26 de julio mi siguiente parada fue en el quirófano, mi cirugía fue todo un éxito porque las células cancerosas ya habían desaparecido. Después comencé la fase final de mi tratamiento con treinta radioterapias que me quemaron de una forma catastrófica mi piel, pero con todo ello, toqué la campana en el Centro Médico en señal de victoria y como conclusión a mi tratamiento.

Una semana después a pesar del cansancio excesivo, me presenté en el 21k de adidas, esa carrera era reafirmar que seguía viva. Obviamente no podía dejar de asistir a la Carrera Avon

No contenta con ello, decidí correr el Maratón Powerade en Monterrey en donde quería corroborar conmigo misma que Isabel estaba de pie y además, con el pie derecho. Corrí lento pero con mi corazón estuvo latiendo fuertemente y mi vida puesta en manos de Dios y dando gracias a la vida por esta segunda oportunidad que no desaprovecharé, que viviré y correré intensamente día a día.

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